Transformación digital y tecnología apropiada en la empresa

Tecnología apropiada
El sentido común y la aplicación de la navaja de Ockham nos invitan a buscar la solución más sencilla y adecuada a cada problema y entorno. Sin embargo, muchas veces lo más sencillo no es lo más apropiado. ¿Dónde está el límite a la sencillez?

¿Apropiada? ¿Apropiada para qué?

Los lectores habituales de este blog ya se imaginan que “Lo pequeño es hermoso”, del Dr. Schumacher, es una de mis lecturas de cabecera, porque no es la primera vez que la cito. Y es que esta pequeña pero nada modesta obra del economista alemán inició una nueva era en la Responsabilidad Social Corporativa, la relación de las empresas con el medioambiente y los planes de desarrollo para los países más pobres.

Uno de los aspectos en los que fue pionero este ensayo fue en proponer la idea de lo que Schumacher llamó entonces “tecnología intermedia” y que ha evolucionado hacia el concepto de “tecnología apropiada”, ya intuido antes por Gandhi y su “tecnología local”.

La tecnología apropiada es el conjunto formado por las herramientas y los procesos idóneos para el desarrollo de una economía sostenible y a la medida de la sociedad y del medioambiente de determinada zona. Por ejemplo: no es apropiado utilizar una gran cosechadora fabricada en otro continente para trabajar en un minifundio agrícola familiar ubicado en un país centroafricano donde el cereal se combina con otros cultivos. La inversión es enorme y su uso nunca llega a amortizarla, si es que se puede usar en absoluto bajo esas condiciones. En estos casos, es posible que una guadaña de fabricación local sea una tecnología más apropiada, por muy manual que resulte.

El concepto de tecnología apropiada tiene múltiples facetas. Puede describirse como el nivel más básico de tecnología que cumple el propósito buscado. También puede ser la aplicación de ingeniería apropiada en determinados contextos sociales y medioambientales. Se defina como se defina, siempre se caracteriza por la robustez y la sostenibilidad.

¿Y qué tiene que ver esto con la empresa?

¡Todo!

Yo podría estar escribiendo este artículo con una tecnología mucho más sencilla y sostenible que mi potente portátil; pongamos por ejemplo, un bolígrafo y un papel, ambos fabricados en mi provincia. O una máquina de escribir. El propósito estaría cumplido: habría escrito un artículo.

Pero la finalidad de este artículo no es ser escrito, sino ser publicado; ser publicado además en un medio muy concreto, que es un blog accesible sólo a través de Internet. Por lo tanto no me queda más remedio que escribirlo en un formato digital, o pasarlo a digital una vez escrito. El propósito por tanto demanda una herramienta más parecida a un ordenador que a un boli.

En su intervención en la Conferencia que tuvo lugar en Teherán en 1979 sobre tecnologías apropiadas para el desarrollo, el Dr. J. C. Ramaer habló sobre la adopción de tecnología apropiada en una gran corporación. Indicaba como factores a considerar, entre otros, las especificaciones del producto demandadas por los clientes, la adaptabilidad del personal a las tecnologías utilizadas, el volumen de producción esperado, etc. El último factor que nombra en la lista es precisamente el que nos interesa más aquí: la infraestructura en la que está situada la empresa, entendiendo como tal la formada por los proveedores, los medios de transporte y comunicaciones, la administración pública, el mercado laboral, etc.

En la infraestructura actual, una empresa no puede seguir haciendo las cosas como las ha hecho siempre, sin variar sus procesos, usando lo que hasta ahora era una tecnología apropiada.

¿Hasta ahora?

Sí, claro. Por ejemplo, fijémonos en su relación con la Administración. Declaraciones de IVA todos los trimestres, de Sociedades cada año, de IRPF... ¿Formularios autocopiativos, calculadora, máquina de escribir y etiquetas identificativas? No señor, eso ya no vale. Ahora es imprescindible tener un certificado digital para poder presentar todas esas declaraciones de forma telemática.

El certificado digital, el ordenador y la conexión a Internet son las nuevas tecnologías apropiadas: Sin ellos no hay declaraciones de impuestos, y ya sabemos que sin impuestos no hay empresa que valga.

Con los procesos documentales ocurre lo mismo. No es que la tecnología ahora nos permita ahorrar costes, aumentar la productividad y eliminar los errores humanos y la frustración; lo que ocurre es que sin los procesos documentales digitales una empresa ya no puede competir en la nueva infraestructura de mercado en la que nos movemos.

Entonces, la transformación digital... ¿es inevitable?

Naturalmente. La relación de las empresas con la Administración ya ha obligado a muchas compañías recalcitrantemente ancladas en las antiguas costumbres a digitalizar algunos de sus procesos. Pero el mercado no se va a quedar ahí.

El concepto de just-in-time ha saltado desde la producción manufacturera a la relación de la empresa, cualquier empresa de cualquier sector, con el mercado: sus clientes, sus empleados, sus proveedores, la Agencia Tributaria... sus seguidores de Twitter, sus fans de Facebook, el curioso que envía un mensaje a través de la web, el usuario enfadado porque no le funciona el producto, la candidata a cubrir un puesto de trabajo.

Si la empresa no digitaliza sus procesos, su capacidad de respuesta será menor que la de sus competidores, y se demostrará que las tecnologías anteriores ya no son apropiadas. Habrán dejado de ser robustas y ya no serán sostenibles, y será necesario hacer una relativamente pequeña inversión en digitalización para alcanzar de nuevo la robustez y la sostenibilidad, tanto económicas como medioambientales.

Por más que le pese a mi admirado Schumacher.

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