5G y las 3 razones por las que cambiará el mundo

5G y el Internet de las Cosas

Déjame que te haga una pregunta:

¿Qué tienen en común la imprenta, la máquina de vapor, el ferrocarril, la electricidad o Internet con 5G?

Fácil… todas ellas son tecnologías consideradas GPT o, lo que es lo mismo, General Purpose Technologies. O, dicho de otra forma, para los mortales como yo: son tecnologías sobre las cuales se han construido otras tecnologías, procesos, modelos de negocio… en definitiva, la economía de nuestra sociedad.

5G es mucho más que una versión mejorada de tecnología móvil. 5G permitirá en menos de 20 años que más de 20 millones de trabajadores puedan hacer su trabajo, y ayudará a incrementar la economía mundial en más de 12.000 millones de dólares.

Al menos eso es lo que Verizon dice.

Pero lo que a mí más me interesa de esta tecnología móvil es la capacidad que tiene de cambiar el mundo que conocemos, especialmente en 3 aspectos:

A – Imposible diferenciar lo real de lo virtual

El increíble ancho de banda que 5G proporcionará y su rapidez, a partir de los 20 GB/s, nos permitirá a los seres humanos disponer en los dispositivos móviles como smartphones, wareables, gafas, etc. de tecnología que actúe en tiempo real, por lo que la Realidad Aumentada o Virtual junto con los Hologramas serán habituales cuando nos movamos por el mundo, o estarán integrados en otros dispositivos como coches, autobuses, pantallas de TV, ordenadores y otros. E incluso darán paso a nuevas tecnologías inmersivas.

Lo bueno es que podremos tener mas información al alcance de nuestra mano, y probablemente solo moviendo ojos, dedos o manos. Será más fácil realizar procesos de compra, reservas, consultas o reclamaciones, por nombrar algunos ejemplos. Hasta la educación deberá evolucionar, porque el alumno tendrá al alcance de sus manos (literalmente) toda la información que hay en Internet sobre algún tema específico, y en modo gráfico, seguro que en movimiento e integrado dentro del mismo entorno donde se encuentra.

Un mundo de cambios y oportunidades de nuevos negocios e interacción humana.

Lo malo es, justamente, “la interacción humana”. Si hemos visto que nuestros hijos tienen una forma de relacionarse entre ellos y con otras generaciones muy distinta a la nuestra, ganando en algunos puntos y perdiendo en otros, con respecto a lo que nosotros hacíamos a su edad; y si además somos conscientes de que no hemos sabido prepararles para usar de forma sabia y eficiente las nuevas herramientas de comunicación, permitiendo que le saquen el mayor partido posible y manteniendo algunos temas esenciales para el ser humano, ¿qué no ocurrirá cuando la realidad que vean, la forma con la que se comuniquen, las tendencias de negocio que practiquen sean una mezcla entre la realidad y lo virtual o inmersivo, sin que sea fácil o siquiera posible diferenciar lo uno de lo otro?

B – Un verdadero mundo conectado

A poco que seas friki, y ya no te digo si es tu oficio o pasión, sabes que IoT (Internet of Things) es una tecnología que nos está enseñando sus primeros triunfos y éxitos. Pero que no puede realmente explotar hasta su máximo nivel tecnológico porque necesita, de forma desesperada, 5G. Y lo necesita porque éste le proporcionará la rapidez de transmisión de datos y procesamiento necesaria para que los Big y Small Data gestionen todos los datos que los miles de millones de dispositivos envíen.

A fecha de hoy se calculan cerca de 9.000 millones de dispositivos IoT en el mundo. En menos de 3 años, esa cifra se duplicará, literalmente, y eso sin 5G aún.

Es evidente que 5G es la gasolina que IoT necesita para poder por fin dar el salto estratosférico que cualquier gurú o experto nos predice. Y tener cualquier objeto (desde una nevera hasta una válvula en una central nuclear) monitorizado y controlado con tecnología IoT nos permite tener un mundo más seguro, más productivo y rentable. E incluso, si lo extrapolamos al mundo biológico, nos permitirá vivir más y con mejor calidad. Y eso lo queremos todos, ¿no?

Pero no hay que olvidar que si en cada tornillo de mi coche, o en cada pata de mi cama, o en la cinturilla de mis calzoncillos tengo un sensor que registra lo que hago y cómo lo hago, tendremos la posibilidad de darle a “algún gran hermano” mucha más información sobre nosotros mismos y mucho más íntima aún que la que ya damos cuando encendemos el móvil, usamos Facebook o pagamos con la tarjeta de crédito.

¿Está preparada la sociedad para regular el uso adecuado, ético y responsable de toda la información que los millones de millones de dispositivos IoT del futuro proporcionen sobre cada uno de nosotros?

Yo tengo alguna que otra duda.

C – Un mundo sin distancias

Déjate llevar un poco por tu creatividad y piensa en una tecnología que es capaz de transmitir más de una película en formato blu-ray cada segundo. ¿En que podrías usar esta tecnología?

¿Quizás para regular de forma eficiente el tráfico de una ciudad en tiempo real, usando IA?, ¿o realizar una operación a corazón abierto, de forma remota, con absoluta precisión milimétrica, y sin un solo milisegundo de retraso, aun cuando separan paciente y cirujano mas de 20.000 Km de distancia?

Es cierto que los procesos y servicios críticos se verán exponencialmente mejorados y eso permitirá disponer de las mejores herramientas y/o especialistas sin importar distancias, ni casi tiempo. El potencial que esto tiene para cambiar el mundo de los negocios y la propia economía es inmenso; conceptos como impuestos o tasas a países, concentración del conocimiento en zonas del globo, o la propia idea de economía mundial serán muy distintos a lo que ahora pensamos.

Pero también hay una cara no tan amable de este apartado. Si nadie puede tener control de dónde están los bienes y dónde el conocimiento, o a quién pertenece, o dónde debe tributar, o… nuestros sistemas sociales, educativos, sanitarios que garantizan la igualdad, e incluso el propio concepto de democracia no pueden verse afectados o dilapidados si antes no somos capaces de entender que 5G nos llevará a un mundo sin distancias, por lo que tampoco las puede haber políticas, religiosas, económicas, productivas o de seguridad, por decir algo. Nos fuerza a ser un mundo global y único. De nuevo me pregunto: ¿estamos preparados para esto?

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